En el universo de Stereo Fall, entendemos la creación no como un acto aislado, sino como una ingeniería de precisión que conecta la tecnología con la psique humana. Bajo esta visión de soberanía artística, hoy nos sumergimos en la mente de Amir Telem, un creador que ha demostrado una capacidad extraordinaria para articular sonidos que trascienden lo meramente auditivo.
Amir no solo diseña música; construye estructuras de nitidez absoluta que invitan a una inmersión profunda. En este diálogo, exploramos los cimientos de su obra, su metodología en el búnker de producción y la filosofía que lo sitúa como una pieza clave en la vanguardia sonora actual. Una conversación necesaria para quienes buscan entender el rigor que hay detrás de la magia negra que define nuestra firma. Comenzamos la entrevista.
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¿Qué sonido o instrumento te obsesiona últimamente y por qué?
En el contexto de Baraka, me atrae profundamente el sonido del handpan y sus sutiles ritmos orgánicos de percusión; la redondez del handpan resuena como la inhalación y la exhalación de la meditación. Mis años enseñando yoga y creando espacio para practicantes me han enseñado que el sonido puede anclarse en el momento presente. El instrumento se convierte en una herramienta para la respiración: un ritmo, un momento de consciencia. Combinar eso con pulsos de afro-house fue como tejer mi linaje de yoga (desde Sivananda Yoga Vedanta Centre NY hasta Bhakti Vedanta Manor UK) en la pista de baile, construyendo un puente entre la quietud y el movimiento.
Si tu música pudiera describir un color o un sabor, ¿Cuál sería?
Para Baraka, diría que el color es un rojo rubí intenso con una luz dorada que brilla a través de él; proviene de la calidez del chakra del corazón del yoga y la energía radiante de los ritmos afro. El sabor sería un té de hibisco caliente y especiado con un toque de cardamomo, relajante pero vibrante. El lado del yoga aporta la calidez, el lado bailable del álbum aporta el picante.
¿Hay algún momento del día o lugar donde tu creatividad fluya mejor?
Sí: justo cuando amanece, cuando el mundo todavía está en silencio y acabo de terminar una sesión de yoga o respiración. Ese espacio liminal entre el sueño y la vigilia, la quietud y el sonido, es donde se sembraron las semillas de Baraka. En ese momento, mi cuerpo y mi mente se alinean, permitiendo que los ritmos afloren de forma natural en lugar de forzados.
¿Qué canción tuya crees que nadie entiende cómo te sientes?
Hay una canción en este álbum que siento que se mueve particularmente entre dos capas: la superficie de la pista de baile y un trasfondo más profundo de yoga y meditación. Imagino que alguien que la baile podría sentirse animado, pero yo estoy ahí, escuchando la quietud entre los ritmos: el espacio en la música que evoca una larga postura de savasana después de un fuerte flujo de asanas. Esa dualidad —movimiento y quietud— es la parte que creo que la gente aún no comprende.
¿Cómo decides cuándo una idea es «suficientemente buena» para convertirse en una canción?
Mi barómetro siempre es: ¿Apoya la presencia y el movimiento simultáneamente? De mis clases de yoga he aprendido que una postura es «correcta» cuando te sientes arraigado y libre a la vez. Así que, musicalmente: cuando un ritmo mueve tu cuerpo e invita a tu conciencia hacia el interior, es cuando digo que está lista. Para Baraka, cada canción tenía que honrar la energía dance del afro house, manteniendo al mismo tiempo la intención meditativa del yoga.
Si pudieras cambiar solo una regla de la industria musical, ¿Cuál sería y por qué?
Cambiaría la regla de «cuántas reproducciones» a «cuántos corazones fueron tocados». En yoga no contamos posturas, contamos la conciencia de la respiración. En música, creo que la métrica debería ser cuán profundamente alguien sintió la vibración, no cuántas veces se cargó. Si la industria honrara la autenticidad y la resonancia espiritual tanto como las listas de éxitos, creo que surgiría un arte más rico.
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¿Qué artista (de cualquier época) crees que nadie reconoce como influencia en tu sonido?
Un nombre que me viene de forma discreta: Alice Coltrane. Su obra fusiona un jazz profundamente espiritual y meditativo con movimiento físico. Aunque mi estilo es afro house, llevo ese linaje de quietud cósmica a las canciones de Baraka. Los sutiles hilos de su influencia se entrelazan con mis raíces yóguicas y llegan a la pista de baile.
¿Qué título de canción de otros artistas te hubiera gustado escribir?
Me encantaría haber escrito «Ritmo Sagrado», un título que captura a la perfección la sinergia del yoga (lo sagrado) y el movimiento (el ritmo). Es una frase que siento profundamente en Baraka: lo sagrado + el groove.
¿Qué cita te gustaría que alguien dijera sobre tu música dentro de 10 años?
La obra de Amir Telem nos recordó que la pista de baile también es un altar, y que el movimiento puede ser meditación.
Si tu música pudiera hablar, ¿qué diría de ti que la gente no ve?
Diría: «Lleva una esterilla y un conjunto de ritmos. No solo persigue la caída, sino que mantiene la pausa».
La gente puede ver al DJ, los créditos del sello, las sesiones del festival. Pero debajo de eso, está el instructor de yoga que conoce el valor del silencio, la quietud y los sutiles espacios entre las notas.
Las palabras de Amir Telem reflejan la coherencia que exigimos en cada rincón de nuestro ecosistema. Su visión sobre la densidad sonora y el propósito artístico refuerza la identidad de Stereo Fall como un refugio de miel sólida y contenido veraz, lejos de las modas efímeras y el óxido del mercado convencional.
Agradecemos a Amir su generosidad al compartir este análisis detallado de su trayectoria. Este encuentro es solo una muestra del estándar de calidad que rige todas nuestras divisiones, desde el sello editorial hasta nuestras plataformas de emisión. Seguimos trabajando para que el ecosistema de Stereo Fall continúe siendo el epicentro de la ingeniería sónica más ambiciosa, donde cada artista y cada proyecto son engranajes de una maquinaria diseñada para perdurar.
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